Ante la inconstancia de tí,
de tu mente y de tu palabra,
dudo con toda mi fé, de la
sinceridad a que tus sentidos
claman con vehemencia.
Sin pensar, desvías el rostro
sin decir más con tu mirada
que ese falso orgullo,
ahogado en la sonrisa
más plástica que puedes esbozar.

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